lunes, 6 de abril de 2009

Terror en... LA CASA DEL PUEBLO

Hace apenas un año la fiesta más antigua de la localidad, la del Cordero, estuvo marcada por obra y gracia del famoso escritor de obtusa pluma que se encarga, siempre que se le antoja, de aburrirnos la existencia con insultantes y repetitivos panfletos de carácter pseudopolítico.

El escritor oscurantista quiso sacar rédito político al hecho de que el Alcalde, al igual que años atrás hiciera el párroco de la localidad, al considerar desfasada la costumbre de recibir a los Mayordomos en su propia casa lo hizo, esta vez, en el Ayuntamiento. De esta manera nuestro peculiar redactor politizó una fiesta que en la actualidad, y lejos de la intención del partido opositor, está subvencionada.

Viéndose en la necesidad de repartir una nueva entrega para alimentar a sus fieras, aferróse a un comentario que sólo se había producido en su insana imaginación:

El Alcalde ya no recibe en su casa, sino en el Ayuntamiento, que es la Casa del Pueblo.”

Gracias a esta simpleza logró rellenar varios folios de burdos chascarrillos manchegos que nos revelan una personalidad en la que, sin lugar a dudas, ciertos humoristas televisivos de este género podrían encontrar inspiración.



Casa del Pueblo-vociferaba-. No puede ser más clara su alusión a las sedes socialistas”.

Para que en el futuro tuviésemos más cuidado con nuestras palabras, y tras una minuciosa consulta del Diccionario de sinónimos y antónimos de elmundo.es, nos bombardeó con la colección completa de palabras con mismo significado que ayuntamiento con el fin de que jamás volviésemos a incurrir en el nefasto error de utilizar como tal el término Casa del Pueblo.

Pero, ¿qué eran estas Casas del Pueblo y por qué nuestro amigo alude a ellas con tal espanto?

Las Casas del Pueblo Socialistas, aparte, obviamente de ser centros de actividad política y sindical, fueron verdaderos antecedentes de lo que hoy es una Administración Pública. Desde la Casa del Pueblo se iniciaron medidas que el Estado Liberal (ideología que, en la actualidad, ha sumido al mundo entero en una de sus mayores crisis económicas y financieras) se negaba a asumir.

En 1908 se funda la primera Casa del Pueblo en Madrid. En aquellos tiempos, España presentaba altas tasas de mortalidad, una asistencia sanitaria que brillaba por su ausencia, siniestralidad laboral, obreros esclavizados, niños muchos de ellos, y una población con un brutal índice de analfabetismo.


Las Casas del Pueblo ofrecieron todo aquello que las administraciones no eran capaces de dar: teatros populares para fomentar la afición entre las clases más desfavorecidas y alejarlos de los vicios, terreno pantanoso donde podían ser fácilmente manipulados por el sistema, venta de productos de primera necesidad a precios asequibles, práctica de deportes, servicios médicos y farmacéuticos ya que la sanidad, como ahora pretenden desde alguna comunidad liderada por los liberales, era privada, prestaciones para aquellas personas excluidas de su derecho a trabajar, proyección de películas, alfabetización, formación laboral…

Ciertamente, con el paso del tiempo, vemos que todo lo que ahora nos parece lógico, natural y necesario sólo se ofertaba en las casas del Pueblo, lugares satánicos que han sido perseguidos durante años. Allí era donde abrían los ojos los obreros sumisos y serviles ante una moral, una ideología y unas costumbres que ha sustentado a los poderes fácticos a lo largo de toda la historia de nuestro país.

El mundo obrero, como motor de la sociedad, pudo descubrir en estos lugares que no eran mera mano de obra, sino una pieza clave del sistema, con nombres y apellidos, que eran hombres y mujeres libres y que tenían derechos, derechos que fueron negados por el estado y otorgados gracias a las Casas del Pueblo.

Vemos que el movimiento, entonces socialista, y ahora quizá, bien llamado socialdemócrata, no ha sido capaz de adaptarse a los tiempos sino más bien, adaptar el tiempo a una ideología que ha demostrado ser la más clarividente.


Evidentemente, Ayuntamiento y Casa del Pueblo nunca han sido sinónimos según el diccionario on line de “EL MUNDO” pero no es menos cierto que las Casas del Pueblo fueron mini- administraciones públicas cuando el monstruo liberal que algunos tanto añoran dominaba nuestra nación.

Son tiempos de crisis. Tiempos en los que aquellos que antes reivindicaban un papel minimalista de los gobiernos ahora buscan el amparo gubernamental, a la vez que le culpan de una situación que ha sido creada por el sistema liberal implantado en el mundo, que ha contado en los últimos ocho años con G. Bush como abanderado.



Tiempo de recetas para la crisis, de protección al trabajador o de abuso en torno a la jornada laboral y a la facilidad del despido. La protección del mundo obrero siempre ha sido brindada por una ideología, que se ha apartado de los tópicos y ha jugado la partida con las piezas de las que ha dispuesto en cada momento.

La socialdemocracia va moldeando, mimetizándose con el entorno, la sociedad que conocemos. Son momentos de cambio, momentos en los que las Casas del Pueblo que tanta gracia le hicieron a aquel redactor deben volver a liderar la sociedad.

Es momento de más Estado. De más socialismo. De que las Administraciones Públicas sean verdaderas Casas del Pueblo. El fin de un liberalismo que ha fracasado.

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